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Suicidio en la literatura

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1 Suicidio en la literatura el Sáb Ago 17, 2013 1:08 am

Sáastah

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Tema atrayente amante de la lectura biografías de escritores, en sus escritos, en su momento histórico y en el desenlace de sus vidas resultaba totalmente cautivador. Se conjugan dos conceptos contrapuestos La creación, el amor por la lectura, ilusionante y por otra parte estaría la desesperanza, el tánatos, el final, lo oscuro, la muerte.
La primera nota de suicidio conservada es de la civilización egipcia, data del siglo III a.C y fue firmada por un consejero al faraón al que servía.
Sobre el suicidio evoluciona a través de culturas y períodos históricos. Los estoicos en la Grecia antigua: la libertad suprema “suicidio filosófico” (también suicidio heroico) Roma: “suicidio político” la Edad Media: demonizado. La Ilustración: razón el romanticismo quien lo uniría al arte y la literatura.
KAY REDFIELD JAMISON ( Touched with Fire, 1993) establece una relación entre los procesos creativos de varios prominentes artistas y diversos desordenes psiquiátricos incluyendo el suicidio.
Creatividad y Psicopatología Enfermedades mentales, tales como la depresión, tienen mayor incidencia entre genios y artistas Especialmente relacionados con creatividad «El 30% de estas personas sufre depresiones» (de la Gándara) La depresión, el alcoholismo y el suicidio.
El psicólogo JAMES C. KAUFMAN (2003), de la Universidad de California tras analizar a 1,987 escritores muertos: Los escritores tienen más probabilidad de tener una enfermedad mental que otros artistas, Los poetas tienen más probabilidad que otros escritores, y las mujeres poetas tienen mayor riesgo. Creatividad y Psicopatología “ A veces el poeta no sabe si coger la hoja de acero, sacar punta a su lápiz y hacerse un verso o sacarse una vena y hacerse un muerto”.
Un millón de suicidios por año, 80% sufren enfermedades. Los escritores… los más creativos comparten un factor psicológico denominado; inquietud mental”
De los Archivos de Mortalidad Nacionales de USA Ser un artista elevaba el riesgo un 125% respecto a la población “no artista”, de suicidio. Los escritores japoneses  tenían una vida más corta que otros profesionales, los  personajes históricos (del 620 a.C. al 1800 d.C.) los músicos y compositores, los artistas figurativos, los actores, los filósofos, los científicos y los inventores vivían más años que los literatos. Especialmente los poetas, principalmente mujeres.
El riesgo de suicidios es > o < según la disciplina artística Los músicos casi no tienen riesgo de suicidio en comparación con los literatos los creadores que trabajan en distintos ámbitos a la vez «son los que más expuestos están, especialmente los dramaturgos».
El suicidio en los escritores. Huían de su propia vida, de sus fracasos artísticos, de sus deseos siempre insatisfechos, del padecimiento, de la enfermedad, de su exacerbada sensibilidad. Las motivaciones del suicidio entre escritores son semejantes a las de cualquier mortal...
“Y si el tiempo final se demorase ,liba este amargo arsénico que te pongo en el vaso.” THOMAS LOWEL BEDDOES, ingiere veneno tras perder una pierna en intento de suicidio previo, CESARE PAVESE : sobredosis de barbitúricos tras decepción amorosa. JACQUES VACHÉ , amigo de André Breton y uno de los fundadores del surrealismo, murió de una sobredosis de opio. GEORG TRAKL acabó consigo mismo con una sobredosis de cocaína. “No he vivido, y lo sé...Tan sólo he muerto.” “Todo esto da asco. Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más”
Otros escritores prefirieron la inhalación de algún tipo de gas: SYLVIA PLATH y RENÉ CREVEL abrieron las llaves de sus respectivos hornos. “...y esta llave de gas que contiene la muerte, en sólo un giro…” ANNE SEXTON se encerró en su garaje, encendió el motor de su automóvil y murió por envenenamiento con monóxido de carbono.
Quemados vivos la poeta y narradora austriaca INGEBORG BACHMANN , que se quemó viva prendiéndole fuego a su cama, Rito japonés, Seppuku o Haraquiri/Harakiri, EMILIO SALGARI, creador de Sandokán y varias novelas de aventuras, se abrió el vientre con un cuchillo. HORACIO QUIROGA tomó cianuro poco después de saber que sufría cáncer estomacal. Leopoldo Lugones se tomó un trago de whisky con cianuro. VACHEL LINDSAY (a los 52 años en 1931) y CHARLOTTE MEW ambos se beben una botella de Lysol, un desinfectante vaginal de la época, para acabar con sus vidas. “¿No hay ni siquiera un veneno accesible que llevarme a la boca?” SUICIDIO DOBLE-PACTO SUICIDA
Cortarse venas VAZIRANI, REETIKA, se cortó las venas, así como las de su hijo de 15 meses. Era la mujer del poeta Yusef Komunyakaa (Premio pulitzer). ALFONSINA STORNI se adentró en el mar en la playa La Perla, agobiada por la soledad y tras detectársele un cáncer mamario. VIRGINIA WOOLF se arrojó al Río Sena en París. La poeta rusa MARINA TSVETAEVA se colgó hasta morir. JENS BJORNEBOE anuncia su suicidio en un programa de televisión y muere luego ahorcado.
La combinación de métodos aumenta el éxito JERZY KOSINSKI. Origen polaco Conocido por su excepcional novela “Desde el jardín” Judío de nacimiento, tras cambiarse de nombre y convertirse al catolicismo. Problemas cardíacos, la incapacidad de poder escribir, más acusaciones de plagio Suicidio: barbitúricos +ron y Coca Cola+ bañera + bolsa alrededor de la cabeza. Su nota de suicidio: “voy a dormir ahora un rato más largo del usual. Llamemos a ese rato Eternidad”.
El primer suicida al que la Historia dedica unas líneas es Periandro (siglo VI a.C.), uno de los Siete Sabios griegos. Diógenes Laercio contó cómo el tirano corintio quería evitar que sus enemigos descuartizaran su cuerpo cuando se quitara la vida, por lo que elaboró un plan digno de Norman Bates. El monarca eligió un lugar apartado en el bosque y encargó a dos jóvenes militares que le asesinaran y enterraran allí mismo. Pero las órdenes del maquiavélico Periandro no acababan ahí: había encargado a otros dos hombres que siguieran a sus asesinos por encargo, les mataran y sepultaran un poco más lejos. A su vez, otros dos hombres debían acabar con los anteriores y enterrarlos algunos metros después, así hasta un número desconocido de muertos. En realidad, el plan para que el cadáver del sabio no fuera descubierto era brillante, pero en lugar de un suicidio tenía visos de masacre colectiva.
En El mito de Sísifo, Albert Camus, que murió en un accidente sin ningún viso de suicidio, escribía nada más empezar: “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no vale la pena de que se la viva es responder a la pregunta fundamental de la filosofía”. Y añade: el acto del suicidio “se prepara en el silencio del corazón, lo mismo que una gran obra”.
Pero, ya antes que Camus, también el poeta alemán Novalis había escrito: “El acto filosófico por excelencia es el suicidio; en él se asienta el principio real de toda filosofía…Sólo este acto responde a cualquier condición y lleva las marcas de una acción trasmundana”. Filosofía realizada; en el suicidio se consuma y se disuelve la filosofía.
El anhelo romántico
Aunque la práctica se remonta a la noche de los tiempos, el Romanticismo marca un punto candente en el suicidio literario. Este movimiento cultural supuso una ruptura crítica con el pasado racionalista, ruptura que coincide con la crisis de la conciencia europea. Un ejemplo: el poeta y dramaturgo alemán Heinrich von Kleist (1777-1811), autor de El príncipe de Hamburgo, un alma ardiente arrastrada por una irrefrenable pasión por lo absoluto. Según cuentan sus biógrafos, nunca se mostró más alegre que cuando anunció a su prima que iba a matarse. ¿Y Gerard de Nerval (1808-1855)? Su biografía es apasionada y novelesca como pocas. Lleno de talento, poeta, magnífico traductor (Goethe se leía en la traducción de Fausto que Nerval había hecho al francés), también se abandona a la noche. “No me esperes esta tarde, porque la noche será negra y blanca”, había dicho a una tía suya al despedirse. Al día siguiente apareció ahorcado en un callejón del viejo París.
El suicidio no sabe de geografías. En Portugal podrían citarse igualmente muchos casos: Antero de Quental, Camilo Castelo Branco o Mario de Sá-Carneiro, el gran amigo de Fernando Pessoa, que tuvo una muerte que reviste los rasgos de una pesadilla. Antes de suicidarse, escribe a Pessoa esta misiva: “Pero no hagamos ya más literatura (…). Adiós. Si mañana no consigo la estricnina en dosis suficientes, me arrojaré al metro… No te enfades conmigo”. En la vorágine de una crisis sin retorno, el aún joven poeta, vestido con un traje de etiqueta, hallará la muerte mediante una fuerte dosis de veneno. Si Castelo es un romántico, Sá-Carneiro encarna el desgarro del siglo pasado, su infinita locura y su irremediable soledad.
Aunque no sólo los surrealistas se sumaron a la muerte súbita. Pierre Drieu La Rochelle (1893-1945) –que acabó quitándose la vida–, en Fuego fatuo (Louis Malle llevó la novela al cine), nos presenta otro tipo de suicida: aquél que no es capaz de encontrar un sentido a su relación con los hombres… Y tan fascinado estaba ya este escritor por la idea que, en un escrito suyo dedicado a un amigo suicida, no duda en afirmar: “Morir es lo más hermoso que podías hacer, lo más fuerte, lo más”

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