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La Campana de Gauss

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1 La Campana de Gauss el Lun Sep 02, 2013 12:35 am

Sáastah

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El coeficiente intelectual y las enfermedades infecciosas del tercer mundo
En octubre de 2007, unas declaraciones de James Watson, co-descubridor de la estructura molecular del ADN y premio Nobel de Medicina por ello, crearon bastante revuelo. Llegado a Londres para promocionar su último libro, concedió una larga entrevista al diario The Sunday Times en las que el célebre científico estadounidense aseguró que la inteligencia de las personas negras era inferior a la de las blancas, lo que hizo que se abrieran los cielos para que cayera un diluvio universal de críticas por su supuesto racismo.
.           El polémico genetista de 82 años aseguró en una conversación con una antigua discípula que era la entrevistadora, que era pesimista respecto al futuro de África, “porque todas nuestras políticas sociales están basadas en el hecho de que su inteligencia es la misma que la nuestra, cuando todas las pruebas demuestran que no es así”. Y remató su intervención añadiendo que existe un deseo natural de que todos los seres humanos deben ser iguales, “pero la gente que tiene que tratar con empleados negros sabe que eso no es así”.
Las palabras de Watson, galardonado con el premio Nobel por sus trabajos sobre el ADN mano a mano con Francis Crick y director de una de las instituciones científicas más prestigiosas de EEUU (el Laboratorio Cold Spring), provocaron la reacción de sus colegas al otro lado del Atlántico. “Es triste ver a un científico que ha conseguido tanto hacer estos comentarios infundados, sin base científica y extremadamente ofensivos”, señaló, por ejemplo, Keith Vaz, presidente del comité laborista de asuntos sociales. “Estoy seguro de que toda la comunidad científica rechazará rotundamente lo que parecen ser prejuicios personales del señor Watson”.
En la entrevista original, el veterano investigador aseguró además que en tan sólo una década podrían conocerse los genes responsables de las diferencias en los niveles de inteligencia humana. Al mismo tiempo, le comentaba a su antigua colaboradora que había abierto un centro para enseñar los secretos del ADN en el barrio neoyorquino de Harlem, y que había aceptado a una investigadora negra.
En la charla con su ex colaboradora, Watson defendió que no se debía discriminar a la gente por su color de piel; aunque matizó: “Hay mucha gente negra con mucho talento, pero no les promocionemos si no han tenido éxito en los niveles más bajos”. En el texto de su último libro “Evite aburrir a la gente: lecciones de una vida en la ciencia” se puede leer que “no hay razones firmes para anticipar que las capacidades intelectuales de personas geográficamente separadas en su evolución se hayan desarrollado de manera idéntica”.
A Watson, su candidez al hacer declaraciones cuya veracidad está muy discutida, pero que son claramente incorrectas políticamente hablando, y por tanto, capaces de suscitar de inmediato descalificaciones por racismo, le valió el ostracismo y el rechazo de las instituciones estadounidenses, incluyendo el afamado laboratorio de Cold Spring, del que fue fundador y director durante muchos años.
La Campana de Gauss
No es la primera vez que la polémica sobre la genética y las diferencias raciales salta a la arena pública. En 1990, el libro ‘The Bell Curve’ (‘La Campana de Gauss’, en español) ya sugería que las diferencias en los índices de cociente intelectual entre razas tenían origen genético. La obra, firmada por Charles Murray y Richard Hermstein, aseguraba incluso que las políticas sociales estarían diluyendo la inteligencia de la población al fomentar que las mujeres con un bajo índice intelectual tuviesen hijos.
El libro “The Bell Curve” quizá sea uno de los más criticados en la historia de la psicología, y tal vez su crítico más acervo haya sido Stephen Jay Gould, quien en 1996 publicó una extensa revisión de su libro “The Mismeasure of Man” (‘La Falsa Medida del Hombre’) dirigida a refutar directamente la mayoría de los asertos que aparecían en el libro “The Bell Curve”. Una de las razones por las que Jay Gould criticaba el libro “The Bell Curve” era había muchos rasgos que pasaban de generación a generación y no eran ni hereditarios ni genéticos, como por ejemplo, si a los pelirrojos se les diera un capón en la cabeza cada cuarto de hora durante las clases, probablemente la mayoría obtendría peores resultados académicos que los que tienen el pelo de otro color, y a sus hijos (también bajo el azote de los capones, pero además educados en una familia de pelirrojos absolutamente enojados, descontentos consigo mismos y desesperanzados) aún les iría peor. Lo que se hereda, en ese caso, no es una baja capacidad intelectual, sino un entorno hostil nada apropiado para el desarrollo.

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