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Santo Grial

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1 Santo Grial el Miér Jul 31, 2013 7:55 pm

Sáastah

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El Santo Grial es el plato o copa usado por Jesucristo en la Última Cena. La relación entre el Grial, el Cáliz y José de Arimatea procede de la obra de Robert de Boron Joseph d'Arimathie, publicada en el siglo XII. Según este relato, Jesús, ya resucitado, se aparece a José para entregarle el Grial y ordenarle que lo lleve a la isla de Britania. Siguiendo esta tradición, autores posteriores cuentan que el mismo José usó el cáliz para recoger la sangre y el agua emanadas de la herida abierta por la lanza del centurión en el costado de Cristo y que, más tarde, en Britania, estableció una dinastía de guardianes para mantenerlo a salvo y escondido. La búsqueda del Santo Grial es un importante elemento en las historias relacionadas con el Rey Arturo (el Ciclo Artúrico o Materia de Bretaña) donde se combinan la tradición cristiana con antiguos mitos celtas referidos a un caldero divino.
El poco definido grial que nos presentase Chrétien, cuya etimología es bastante confusa (desde los términos latinos gradale: plato hondo donde se servían ricos manjares en las casas nobles; o cratalis: lebrillo, vasija de barro; también crater-eris: copa grande; hasta el griego kratarion: copa; krateut: piedras; e incluso la palabra hebrea goral. pequeña piedra), pasa a convertirse, con Robert de Boron, en su Estoire du Saint Graal (1195 - 1214), en el vaso o cáliz que recogió la sangre de Cristo, gracias al cual José de Arimatea, aquel que fuera miembro del Sanedrín judío y que dio sepultura al cuerpo del Mesías, se alimentó mientras estuvo en prisión. Este cáliz asume las funciones de la eucaristía cristiana como productor de alimento espiritual.
Merece especial mención, entre la Literatura que sobre el tema del grial surgió de forma abundante y casi exclusiva, salvo excepciones, a principios del siglo XIII, la obra de Wolfram Eschenbach, Parzival, en donde el autor define el grial como "deseo del Paraíso, raíz y floración a un mismo tiempo", y lo identifica con una piedra, lapsit exillis, sobre la cual, cada Viernes Santo, una paloma que desciende de los cielos deposita una pequeña hostia blanca que concede a la piedra la virtud de generar los alimentos. La lanza sangrante representa aquella lanza envenenada con que el Rey del grial, que sigue siendo un rey pescador, fue herido en su virilidad.

El centro del mundo
El símbolo de la copa o el vaso no es exclusivo de occidente cristiano. En muchos otros lugares o culturas, de una u otra forma aparece esta misma representación que podríamos incluir en el ámbito de la Simbología Universal y que por lo general hace referencia al recipiente que contiene el alimento o la bebida de la Inmortalidad.
En la tradición hindú el grial se corresponde con el Samudra o vaso sacrificial que contiene el Soma, la "sangre de Dios viviente" según Emile Burnouf.
El Soma es el néctar celeste, el elixir de la Inmortalidad, y tiene su equivalente en el Haoma avéstíco, la Ambrosía de mito griego o el Hidromiel de la mitología nórdico-germana. Sus propiedades son prácticamente idénticas a las del grial: "protege el cuerpo y cura la enfermedad, da salud de cuerpo y alma, aleja las dificultades y los peligros, conforta y consuela, proporciona fuerza y alegría, inflama e ilumina, prolonga la vida, inspira a los poetas y sabios, hace surgir un sentimiento de paz con los Dioses y otorga la inmortalidad".
En la religión taoísta, el cáliz de¡ grial se puede identificar con el vaso de Kuan-Yin que contiene el "néctar de la inmortalidad" y que además se presenta como copa de la abundancia, de la compasión y la sabiduría.
Los viejos jeroglíficos egipcios simbolizan el corazón con la imagen de un vaso.
Todas estas representaciones, incluyendo la que nos ofrece el Medievo occidental, nos dan idea de un simbolismo cuyo significado es esencialmente "central", relacionado con las tradiciones que nos hablan de un "Centro del Mundo", de una "Residencia de Enmedio", "Altura Montañosa" o "Isla Blanca", una tierra solar de la que provienen los que están destinados a asumir la dignidad de Reyes legítimos en pueblos sin príncipes.
Debido a las diferentes y múltiples aproximaciones que se han hecho al Grial, es evidente que para la mayoría de los lectores se dificulta la ubicación concreta de su origen literario. El nombre del compositor alemán Richard Wagner aparece, y con razón, casi siempre que se evoca el Grial, pero esto en detrimento de su origen medieval.
Existen así variadas aproximaciones al objeto —algunas bastante extravagantes— desde la Edad Media hasta nuestros días. Pero para acercarse al “verdadero” Grial debemos partir de la única certeza que tenemos y abordarlo ante todo como un mito, en el sentido más primario del término; dicho de otra forma, no se debe olvidar que el Grial es una creación de la literatura, y específicamente, de la literatura medieval. En la mayoría de los relatos medievales que tienen como temática el Grial, este misterioso objeto es abordado como un mito, en la medida en que se convierte en una imagen lancinante cuya posesión, al final de una larga sucesión de aventuras y desplazamientos, confiere sentido al mundo del héroe; así, no solamente el objeto sino también su búsqueda, adquieren una dimensión mítica. Desde esta perspectiva, la dimensión mítica que conferimos al Grial va en el mismo sentido en que se deben abordar los mitos literarios medievales; se trata de formas complejas encarnadas por objetos como el Grial —o inclusive por personajes como Carlomagno, Arturo, Tristán, etc.— cuya dimensión mítica se basa esencialmente en la multiplicidad de sus manifestaciones; el mito medieval podría entonces comprenderse como “un relato, una imagen, un conjunto de relatos o de imágenes por los cuales una sociedad expresa sus interrogaciones y sus terrores para remodelarlos en certezas” (Boutet 93). Sin embargo, se debe recalcar una y otra vez, el Grial no existe fuera de la literatura. El Grial no es un objeto real. La única posible búsqueda del Grial es la lectura de los textos que lo evocan. Este artículo constituye, por lo tanto, una invitación para partir a la búsqueda del origen del Grial como mito literario medieval.
Es imposible determinar cuál es el origen no literario del mito del Grial. No obstante, se hace evidente que los elementos enigmáticos presentados por Chrétien de Troyes en Le Conte du Graal (La historia del Grial )(especialmente el Grial y la Lanza) reclamaban una identificación casi “natural” con elementos propios del cristianismo, en una época (finales del siglo XII y principios del XIII) marcada por el surgimiento de reliquias cristianas inventadas durante las cruzadas. Así mismo, estos objetos, cuyas características y funciones son bastante disímiles, parecen poner en evidencia un sincretismo entre mitos y leyendas celtas (alrededor de objetos mágicos o talismanes) y tradiciones cristianas, relacionadas con el relato de la pasión de Cristo, probablemente reactivadas durante las cruzadas (Baumgartner, Le récit 66). Mientras que Chrétien de Troyes opta por una dimensión simbólica, Robert de Boron escoge una dimensión histórica. Sin embargo, al unirse, estas dos perspectivas confieren espesor al Grial y establecen las bases para el gran desarrollo que va a tener esta temática a partir de las diferentes continuaciones, variaciones, adaptaciones que constituyen en esencia la literatura del Grial.
En efecto, es evidente que una gran cantidad de obras narrativas, tanto en verso como en prosa, producidas entre la segunda mitad del siglo XII y mediados del XIII en el norte de Francia, tienen la ambición común de “contar sobre el Grial” se inaugura la práctica literaria de la reescritura, en el contexto del Grial, en una época marcada por un gusto extremo por la reformulación textual y la modulación de las intrigas. Desde este punto de vista, el Grial, objeto de transformaciones ficcionales, se presenta como el emblema de una concepción de la escritura asociada a un trabajo constante de reelaboración. El estudio del tema del Grial en este trabajo se proyecta en esta dimensión, pues intentamos comprender su origen y posterior desarrollo como una manifestación de la reescritura, práctica fundamental en la literatura medieval. Así, podemos concebir el Grial ante todo como una máquina textual, es decir, como un pretexto para la producción casi infinita de otros textos sobre el Grial, como lo demuestra la profusión de “novelas del Grial” a partir de un relato inacabado como el de Chrétien de Troyes.

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